10.7- La ilustración en España
La limitada confianza en la razón característica del pensamiento ilustrado francés, con el acento puesto en la educación y el conocimiento como base de la felicidad y el progreso, se introdujeron en España las ideas ilustradas con lentitud y dificultad por la ausencia de una clase media poderosa y por la oposición de la iglesia. Precedidos por Feijoo, que en el Teatro Crítico Universal inicia la crítica de las supersticiones, en la 2ª mitad del S.XVIII surge un grupo de pensadores como Jovellanos, Floridablanca, Campomanes, Olavide y otros que, desde diversos campos, se interesan por la educación y las ideas de progreso. Entre la ignorancia de las clases populares y la indiferencia y hostilidad de gran parte de la aristocracia, de la Iglesia y de las universidades, plantearon la necesidad de impulsar la educación para sacar al país de su atraso. El interés por la ciencia y las enseñanzas de carácter práctico, llevó a la creación de academias y de nuevos centros de investigación. El mejor ejemplo en Madrid, el eje formado por el observatorio astronómico, el jardín botánico y el museo de ciencias naturales, convertido más tarde en el museo del Prado. En economía, Campomanes, con el tratado de regalía de amortización y Jovellanos con el “informe sobre la ley agraria” defendieron la desamortización de los bienes de la Iglesia, la limitación de los privilegios de la Mesta y la liberalización de la agricultura.